Por: Oscar Alfonso Pabón Monroy
Una constante histórica regional ha sido la de servir como teatro para la
escenificación de confrontaciones violentas, hechos en los que su cuota de
sacrificio ha sido alta frente al mínimo reconocimiento colombiano.
Mediante un bosquejo general, este ensayo pretende comentar una serie de
acontecimientos ocurridos en diversas épocas históricas del territorio en
estudio, estas evidencias sustentan su título.
Época precolombina: Quizá el mayor enemigo de las naciones aborígenes de la Orinoquia fue la etnia
Caribe, que además de martirizarlas con sus fieros ataques, practicó la
esclavitud de individuos achaguas para venderlos a otras naciones. 
Sobre esta costumbre dice el Padre Rivero: “Era tanto el desorden que no solamente se cautivaban estos macos para servirse de ellos sino para venderlos a otros, y hacían sacas muy
cuantiosas para proveer a todo el reino, como es notorio”. (1)
Por culpa de los caribes la nación Achagua por muchos años entró en desgracia
con la Chiricoa. El mismo misionero lo narra así: “Los dardos y saetas que se cruzaban silbando por el aire, los golpes de las macanas, y la confusa gritería que parecían truenos, formaban una
horrorosa tempestad que desatándose a pocos instantes en arroyos de
sangre, terminó por dejar en el río Meta un color rojizo, y en su playa
innumerables cadáveres de Achaguas destrozados por la iniquidad” (2)
Según Rivero aquella sangrienta rivalidad culminó con la unión de sangres, dada
entre el cacique Chacuamare, chiricoa él, y una joven achagua a la que
bautizaron Catalina. (3)
El Diccionario Histórico y Geográfico de la América Meridional (1771), de los
Achaguas dice que se ubicaban “a la entrada de las llanuras de Casanare y Meta, en el Nuevo Reino de Granada. Habitan en los bosques cercanos al río Ele. Manejan estos
bárbaros con gran destreza las lanzas y arrojan los dardos sin fallar; son
de naturaleza dócil pero muy dados a la embriaguez” (4)
A su vez a los chiricoas los define como habitantes de
“las llanuras de Casanare y Meta. Son nómades y van por las selvas en
unión de los Guivas. Son astutos y muy hábiles para robar, pero son de
índole dócil y pacífica”. (5)
La Conquista: frenética búsqueda de El Dorado
La región orinoquense colombiana formó parte de la leyenda del El Dorado
hecho que le llevó a ser invadida por los europeos conquistadores, quienes en su
desaforado paso para encontrarlo atropellaron a los naturales que hallaron a su
paso.
Dos vías de Conquista hubo: una fluvial y otra terrestre
A través del río Orinoco llegó la dirigida por Diego de Ordaz, cuyas naves no
pudieron salvar los impasables raudales de Atures y Maipures, así que su única
alternativa fue dar media vuelta y regresar.
La segunda bajo el comando de Alonso de Herrera ingresó en 1535 por el río
Orinoco y luego remontó durante un mes las aguas del Meta, en feroz combate
con una tribu de la margen izquierda del caudal el conquistador comandante
fue herido con una flecha untada con curare, que pronto le causó la muerte. (6)
Este episodio violento de Conquista resulta ser el primero ocurrido en tierras
de la Orinoquia colombiana.
La otra embestida, a cargo de tropa patrocinada por la casa alemana Welser y
con el visto bueno del rey Carlos V, quien le entregó esta franja territorial de
Castilla (7) como respaldo a un empréstito financiero para su campaña política.
Comenzó en el costero pueblo venezolano de Coro, a donde en “febrero de 1529
llegó Ambrosio Dalfinger con tres barcos de aventureros españoles con
elegantes ropajes”. (8) Desde allí luego por tierra firme ingresaron las
campañas comandadas respectivamente por Jorge Spira, Nicolás de Federmán
y Felipe Von Hutten, entre 1536 y 1538, tropas que con frenesí buscaron
Eldorado.
Queda claro que vastos territorios de las hoy repúblicas de Venezuela y
Colombia desde los primeros años de la Conquista resultaron entregados por la
Corona por empréstitos recibidos de la alemana casa Welser.
Hoy vemos cómo esta costumbre se ha repetido a través de la historia.
Al final aquellas codiciosas expediciones solo dejaron huellas de desalojo,
despojo y violencia, hechos que fueron narrados sin mayores detalles por los
cronistas de Indias.
La Colonia: de El Dorado a las masacres
Las notas de historia cuentan de la triste suerte que tuvo la familia Achagua.
Para el año 1606 el español Alonso Jiménez cometió una masacre en su
territorio vecino del río Meta. Este militar engañó a los indígenas y dentro de
la iglesia que les hizo construir cometió su carnicería humana. (9)
Cinco lustros después la misma etnia fue víctima, por parte de soldados
españoles, de otra matanza en las cercanías del río Pauto. Suerte igual tuvieron
luego otros 20 achaguas en las arenas del Duya, ellos fueron ahorcados. (10)
La Independencia: Los sentimientos anti españoles comenzaron su incubación en las almas de los
llanos neogranadinos desde los momentos de la revolución Comunera. Producto
de ello es la llegada de los jóvenes socorranos Rosillo, Cadena y Salgar, quienes
realizaron campañas revolucionarias en tierras de los hoy departamentos de
Casanare y Meta, territorios en los que dejaron encendida la tea libertaria. (11)
A la postre su empeño se frustró cayendo presos los primos José María Rosillo
y Vicente Cadena, a quienes por “delito de bullicio y conmoción” se les fusiló el
22 de abril de 1810 a la 1:00 p.m. en la plaza de Pore. (12)
Para escarnio público sus cabezas fueron llevadas y expuestas en la plaza
mayor de Santafé el 13 de mayo. Estos dos protomártires se convirtieron en los primeros sacrificados en los Llanos colombianos, por su lucha independista. En el año 2010 se cumplió el
bicentenario de sus muertes, histórica conmemoración que pasó inadvertida en
los contextos local y nacional.
Los ojos de los generales Francisco de Paula Santander, Manuel Serviez y José
María Córdoba vieron en las tierras y gentes de las provincias de los llanos de
Casanare y San Martín la posibilidad de algo grande para los anhelos
emancipadores.
Así, contrariando la orden de José Fernández Madrid, Presidente de la Unión,
quien les indicó marchar al Sur, (13) en mayo de 1816 ellos tomaron rumbo a los
Llanos por la senda de Apiay.
Fue idea de Serviez llevar el lienzo de la virgen de Chiquinquirá, que cargaron
en un incómodo baúl. Las fuerzas realistas acosaron su paso por el intransitable
camino, situación que les llevó a abandonar la milagrosa estampa, siguiendo en
presurosa carrera de descenso rumbo a la Provincia de San Martín y de allí a la
casanareña, (14) luego pasarían a Venezuela.
Utilizando esa misma ruta muy de cerca bajó un contingente realista
comandado por Miguel de Latorre quien se tomó a Pore (15). Se vivía la época
del pacificador Pablo Morillo.
Por allí en Casanare el trabajo ya iba bien adelantado a cargo de grupos de
guerrillas independientes, comandadas por líderes locales. En encarnizadas
batallas obtuvieron victorias consecutivas contra los defensores del yugo
español.
Fueron tan contundentes los golpes de estos llaneros que en 1817 cantaron la
libertad de su territorio. (16)
Revestido del cargo de Jefe de los ejércitos de Casanare, a finales de 1818 el
general Santander (17) inició su labor militar de organización de los grupos de
guerrillas bajo el mando entre otros de Ramón Nonato Pérez, Juan Galea, Juan
Nepomuceno Moreno y del clérigo Ignacio Mariño y Torres.
Con el trabajo cumplido por los grupos de guerrilla y la capacidad de lucha de
ellos, el general Santander logró despejar el tortuoso camino a Boyacá, ruta
por la que en junio de 1819, junto a Simón Bolívar, ascendieron con el unificado
ejército patriota de neogranadinos y venezolanos.
Sangre derramada, pobreza y abandono fueron los impactos generados en la
región en el trascurrir del período 1810-1819.
La República: Apenas los llanos se habían auto recuperado, desde lo social y lo económico, de
los acontecimientos independistas ocurridos en las dos primeras décadas del
siglo XIX, cuando finalizando esta centuria nuevamente el territorio se
convierte en teatro de confrontaciones partidistas violentas.
En octubre de 1899 comenzó la guerra de los Mil Días y desde diciembre los
principales líderes liberales colombianos bajaron a nuestro territorio por
diferentes caminos que nos unen con la región andina. La tarea que trajeron era
la de buscar adeptos para enfrentar al gobierno conservador.
Entonces las sabanas casanareñas, araucanas y metenses recibieron a figuras
como los generales Vargas Santos, Uribe Uribe, Avelino Rosas, David Tovar, y
al famoso guerrillero tolimense Tulio Varón, quienes alebrestan a los
habitantes de campos y caseríos para que se unieran a sus ideales de derrocar
la administración conservadora. (18)
Los combates no se hicieron esperar en cuanto pueblo llanero había por
entonces. Contrario a las luchas de la Independencia, esta vez no hubo 
ganadores ni perdedores y la pacificación se produjo mediante acuerdo
bilateral en los comienzos de la centuria de mil novecientos.
El prolongado conflicto de final del siglo XIX y comienzos del siglo XX de
nuevo dejó en quiebra la ganadera economía regional y produjo extinción de
pueblos.
El crimen de Jorge Eliécer Gaitán: Otra época violenta padeció la llanura colombiana a partir del asesinato en Bogotá del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán, magnicidio que envolvió a
liberales y conservadores en pasiones y odios, enfrentándolos en fratricidas
luchas.
Esta vez por dinámica interna nació en el territorio oriental el movimiento
conocido como las “guerrillas liberales del Llano”, la que por su enorme
accionar alcanzó trascendencia nacional.
Su mayor líder fue el legendario Guadalupe Salcedo Unda, tameño, quien en
alianza con otros valerosos estrategas –en su mayoría- oriundos de la región,
condujeron a sus tropas civiles (chusmeros) a librar confrontaciones armadas
contra las fuerzas del gobierno.
La contienda partidista por años bañó en sangre a la región y al resto del país.
Con la toma del poder por parte del teniente general Gustavo Rojas Pinilla
vientos de paz soplaron por las enlutadas sabanas orientales.
Al cabo de acuerdos bilaterales ocurrió la entrega de armas por parte de los
máximos comandantes de las “guerrillas liberales del llano”, acontecimientos
ocurridos en los casanareños pueblos de Monterrey y Tauramena y en Puerto
Gaitán, Meta.
Del reciente conflicto armado a la construcción de Paz: En la historia de la violencia nacional, el año 2016 tiene particulares motivos para ser recordado por los positivos hechos sucedidos en el proceso de los acuerdos de pacificación del gobierno con la guerrilla de las Farc.
Así, mientras en agosto se anunció el cese al fuego y de hostilidades
bilaterales definitivo, en noviembre ocurrió la firma de la PAZ entre el
presidente Juan Manuel Santos C. y Rodrigo Londoño (Timochenko) máximo
líder de las Farc EP.
Tan trascendental acontecimiento novembrino, dio comienzo al período del pos
conflicto y de la construcción de paz duradera.
Sabido es que las Farc EP por décadas tuvieron como principales escenarios a
sectores de los Llanos Orientales.
Consideraciones finales: Visto lo anterior, se entiende que la región llanera desde la época de
precolombina ha sido escenario de conflictos generados por motivos
económicos y políticos, confrontaciones violentas que le han deparado
profundos impactos negativos.
Cabe enfatizar que en los diferentes períodos de conflicto armado, personajes
externos al territorio han venido a encender los ánimos de sus habitantes, o en
su defecto a ayudar a los locales.
Hay que destacar que la siembra de la cultura ganadera por parte de los hijos
de Loyola durante la época de la Colonia, en sus haciendas Caribabare y Apiay,
resultó soporte fundamental para la manutención de las tropas vinculadas a los
procesos de Independencia, de la guerra de Los Mil Días y de la violencia
generada a partir de 1948.
Coincide el impacto militar causado por los grupos de guerrillas llaneras en
tiempos de la Independencia, cuando gritaron libertad en el año 1817, con el
que lograron las guerrillas liberales surgidas a partir de 1948.
Por igual los dos movimientos civiles pusieron en jaque a los gobiernos de esas
épocas.
Con expectativa se espera que la firma de la paz, entre la insurgencia y el
gobierno, traiga vientos de reconciliación y prosperidad a los Llanos Orientales.
Es de resaltar que, de manera admirable las comunidades llaneras han sabido
sobreponerse en lo social y lo económico a las funesta e ingratas etapas
afrontadas en su suelo; y lo han logrado por esfuerzo propio, porque la
intervención del gobierno central les ha sido esquiva.
Lamentable es que estas resiliencias históricas locales no hayan sido
visibilizadas y valoradas como aporte al desarrollo de nuestro territorio y por
ende al de la nación.
Por tal razón, el actual período del pos conflicto debe ser aprovechado por los
gobiernos municipales, departamentales y del país, para corregir la referida
constante histórica, trabajando en alianza con los actores sociales de los
diferentes territorios conformantes de la región llanera.
Citas:
1: Rivero Juan, Los Jesuitas en los Llanos; colección Arauca Vibrador. Edit.
Nueva Gente, Bogotá, 2007, p.29
2: Ibid, p. 33
3: Ibid. P. 33
4: Coleti Giandomenico, S.J.: Diccionario Histórico- Geográfico de la América
Meridional, tomo A-L, Banco de la República, Bogotá 1974, p.35
5: Ibid. p 147
6: Pabón M. Oscar A., Apogeo y decadencia de una ruta; en Historias
arrebiatadas, edit. Juan XXIII, 1994, p.13
7: Hemming John, En busca de El Dorado. Editorial del Serval, p.26
8: Ibid. p. 27
9: Rivero Juan, ibid. p. 24
10: Ibid. p. 27
11: Pérez A., Héctor P., La participación de Casanare en la Independencia 1809-
1819, Panamericana Formas e Impresos, Bogotá, 2005, p. 68
12: Ibid. p. 71
13: Riaño Camilo, en Santander y los Ejércitos Patriotas 1811-1819, tomo I,
Biblioteca de la Presidencia de la República, Bogotá 1989, p. XXVIII
14: Moreno de Ángel, Pilar, Santander Biografía; Planeta Col. Editorial S.A.,
Bogotá, 1990, p. 146
15: Ibid, p.149
16: Pérez A., Héctor P., ibid, p. 75
17: Biblioteca de la Presidencia de la República: Santander y los Ejércitos
Patriotas 1811-1819, tomo I, Bogotá 1989, p. 231
18: Pabón Monroy Oscar Alfonso, Llanos Orientales: Mil y otros días más de
conflictos, ponencia en el III Simposio de Historia de los llanos colombo
venezolanos, Arauca, julio de 1992
———
En su primera edición este ensayo lo leí en Támara, Casanare, el 18 de julio de
2010, y lo actualicé el 2 de marzo de 2017.
El texto de la ponencia está publicado en el libro de las memorias del simposio
de historia de los llanos colombo venezolanos, editado por el Centro de Historia
de Casanare.
(*) Comunicador Social comunitario, investigador de la historia y la cultura regional

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